Pedirle a alguien que sea tu novia da miedo por algo simple: estás pidiendo ponerle nombre a algo que ahora mismo funciona sin nombre, y existe la posibilidad de que al nombrarlo se rompa. Esa parte es incómoda y no hay manera de saltársela. Lo que sí se puede hacer es llegar preparado.
Tres señales de que es el momento
No hay un número de citas correcto, pero sí indicadores razonablemente fiables:
- Ya actúan como pareja sin serlo. Se cuentan el día, aparecen en los planes del otro, existe una rutina.
- Te ha presentado a alguien de su vida. Amigos, hermanos, compañeros de trabajo. Señal de que no te mantiene en un compartimento aparte.
- La pregunta te da miedo por lo que puedes perder, no por lo que puedes ganar. Eso significa que ya hay algo que perder.
Si ninguna se cumple, probablemente sea pronto, y no pasa nada.
Qué decir, palabra por palabra
El error más común es convertirlo en un discurso. Cuanto más largo, más solemne; y cuanta más solemnidad, más presión para quien tiene que contestar.
Una estructura que funciona, en tres frases:
- Nombra lo que ya pasa. "Llevamos dos meses viéndonos casi cada semana y me lo paso mejor contigo que con nadie."
- Di lo que quieres, claro. "Quiero que seas mi novia."
- Quítale presión. "No hace falta que me contestes ahora."
Eso es todo. Diez segundos. Lo que sobre de ahí es para tranquilizarte a ti, no para ayudarla a ella.
Siete formas de hacerlo
1. Directamente, en persona
Sigue siendo la mejor si la relación ya es sólida. Sin escenario, sin público, sin anillo: un momento tranquilo en el que estéis solos.
2. Escrito, y luego en persona
Ideal si te bloqueas hablando. Le mandas algo escrito y quedas después. Le das tiempo para procesarlo sin tenerte delante esperando respuesta.
3. Con una página personalizada
Le mandas un enlace, lo abre y encuentra una página hecha para ella con la pregunta y dos botones. Funciona especialmente bien a distancia o si vuestra relación ha vivido mucho por el móvil. Puedes crear una gratis aquí.
4. Recreando el sitio donde os conocisteis
Volver al lugar de la primera cita y preguntárselo ahí. El contexto hace la mitad del trabajo.
5. Con una fecha marcada
El día que hizo tres meses desde la primera cita, por ejemplo. Que ella caiga en la fecha antes de que preguntes ya crea la expectativa.
6. Después de algo que hicisteis juntos
Al final de un viaje, de una cena que salió bien, de un día largo. El buen momento compartido es el mejor preámbulo.
7. Por sorpresa, sin ocasión
Un martes cualquiera. Contraintuitivamente es de las que mejor funcionan: demuestra que no lo hiciste porque tocaba.
Lo que no hay que hacer
- Delante de gente. Un público convierte un "no" en una humillación, y eso la obliga a decir que sí. Nadie quiere un sí obligado.
- Después de una discusión. No arregla nada y confunde el gesto con una disculpa.
- Con ultimátum. "O somos algo o lo dejamos" no es una pregunta, es una amenaza.
- Borracho. Le quita todo el peso, aunque lo sientas igual.
Si dice que no
Puede pasar, y no siempre significa lo mismo: a veces es "no" y a veces "todavía no", que son cosas distintas. La respuesta correcta en ambos casos es la misma: no discutir, no negociar y no pedir explicaciones en ese momento.
Di algo como "vale, gracias por ser sincera" y déjalo estar unos días. Si era "todavía no", volverá el tema. Si era "no", te habrás ahorrado meses.
Lo que no funciona es fingir que no pasó nada. Preguntarlo cambia la relación, diga lo que diga, y aceptar eso forma parte de preguntarlo.
El resumen
Sé claro, sé breve, hazlo en privado y quítale presión a la respuesta. Si además quieres que sea memorable, dale una forma que se pueda guardar. Los diez segundos se olvidan; lo que se puede releer, no.
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